Cuando acostumbras a una persona a vivir con todos los gastos pagados durante 60 años es imposible que no pierda contacto con la realidad. Y eso es lo que le ocurre a Juan Carlos I. Lee de vez en cuando unas frases que le preparan sus asesores sobre lo mucho que le quita el sueño el paro juvenil, y luego retoma su vida de cacerías, yates y amantes germanas. Tras su accidentado viajecito a Botsuana serían oportunas una serie de actuaciones:
1) La Casa del Rey tiene que informar de forma inmediata sobre los patrocinadores de la cacería. ¿Quién la ha pagado? ¿Cuánto ha costado?
2) La Casa del Rey debe informar de forma inmediata sobre el coste de la cacería para los españoles que pagan sus impuestos. ¿Cuál es el precio de desplazar los escoltas y el médico de Juan Carlos I a Botsuana durante cinco días? ¿Qué otros gastos se han abonado vía Presupuestos?
3) La Casa del Rey debe aclarar de forma inmediata si Juan Carlos I ha realizado algún tipo de gestión, durante los últimos años, para favorecer los negocios de los patrocinadores de la cacería.
4) Dada la manifiesta irresponsabilidad demostrada por Juan Carlos I, la Casa del Rey debe poner en marcha los mecanismos necesarios para que abdique en un plazo razonable.
5) Los principales partidos deben comprometerse a convocar, antes de que finalice la legislatura, un referéndum para que los españoles puedan pronunciarse sobre la forma de Estado que prefieren. Los ciudadanos menores de 52 años no pudieron participar en el referéndum de 1978 y los mayores de 52 años votaron a favor de una Constitución que devolvía la democracia a España, pero en unas circunstancias que hacían imposible cualquier debate sobre la monarquía. Ha llegado la hora de que los españoles puedan votar en libertad sobre este tema.