En materia de idiocia, hay que realizar una distinción básica: una cosa es ser idiota y otra que alguien pretenda tomarte por idiota. A la vista de las declaraciones del portavoz del PP, Esteban González Pons, parece legítimo dudar sobre su capacidad para distinguir ambos conceptos.
Tomar a los ciudadanos por idiotas es, por ejemplo, asegurar ahora que no hay que hablar de ETA para no hacerle la campaña a la izquierda abertzale cuando uno pertenece a un partido que lleva hablando de ETA sin parar e intentando sacar rédito electoral del terrorismo exactamente desde el 11 de marzo de 2004. O sea, siete años, siete meses y 12 días. Cuando un político es portavoz de un partido que acusó al presidente Zapatero de “traicionar a los muertos”, que alentó una vil teoría de la conspiración despreciando el dolor de las víctimas del 11-M, que se manifestó con sujetos que acusaban al Gobierno de un delito de colaboración con banda armada y que le hizo a Bildu parte de la campaña del 22-M, cuando uno es portavoz de un partido así, si tuviera decencia, tendría que pedir perdón y, si no la tiene, debería estar callado.
Tomar a los ciudadanos por idiotas es, por ejemplo, asegurar que no se pretende insultar después de decir que “no hay ningún español tan idiota que quiera la continuidad del PSOE”. Cuando un político es portavoz de un partido que pretende gobernar el país, no puede actuar como Chiquilicuatre con su guitarra.
Salvo que sea idiota, claro. Pero que conste que si alguien se siente ofendido, retiro la palabra y presento mis disculpas.

Suscríbete por email!



