Algunas consideraciones provisionales, y sometidas como siempre a mejor criterio, sobre la intervención de Zapatero en el programa Tengo una pregunta para usted.
1) Lo primero que hay que destacar es que Zapatero ha tenido la valentía de dar la cara ante los ciudadanos en el peor momento de la crisis. Al pobre Mariano le ofrecieron acudir al programa antes que al presidente del Gobierno y el líder de la derecha decidió posponer la cita hasta después de las elecciones del 1-M. Será que vive entretenido leyendo los dossiers del Aguirregate o que está convencido de que para marzo ya no manda en la tropa pepera, lo que dado su conocidísimo amor al trabajo, al menos le evita tener que preparar el programa.
2) Si hubiera que ponerle una nota a la actuación de Zapatero, yo optaría por el aprobado raspado. No cometió ningún error garrafal como hace dos años, cuando le preguntaron por el precio de un café, y sobrevivió al chaparrón de preguntas sobre la situación económica.
3) Su flanco más débil tiene su origen en el empeño preveraniego de negar la existencia de la crisis (con una polémica semántica absurda incluida), lo que unido a la promesa electoral del PSOE sobre el pleno empleo, lleva a mucha gente a concluir que Zapatero ha mentido. “Pude equivocarme, pero yo no engañé”, fue la defensa razonable del presidente, quien además recordó oportunamente que el PP prometió en campaña crear 2,2 millones de empleos. Parece que el equipazo económico del pobre Mariano tampoco estaba al tanto del hundimiento de Lehman Brothers.
4) Zapatero mostró su reconocida empatía al responder a la chica con síndrome de Down. Y dejó clara su educación –excesiva para mi gusto en ciertas ocasiones– al responder al cura trabucaire.
5) Es acertado su mensaje de confianza, de que saldremos de la crisis tras un “paréntesis muy duro”. No conozco a ningún líder mundial que se dirija a sus compatriotas anunciando que todo se hunde y que lo mejor que pueden hacer es encerrarse en casa y tirar la llave por la ventana. Bueno, en realidad conozco a dos: el guerrero de las Azores y el pobre Mariano. Pero nadie en su sano juicio les llamaría “líderes”, aunque “mundiales” sí que son.

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