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  • 09 Feb 2009

    Beppino Englaro o la lucidez

    Excelente entrevista con Beppino Englaro, el padre de Eluana, en El Pais. Transcribo dos respuestas que demuestran que el dolor no está reñido con la lucidez:

    P. ¿Qué le ha parecido el aplauso de la Iglesia al movimiento de Berlusconi?

    R. De la Iglesia no hablo. Siento un sagrado respeto por ella y espero de ella lo mismo. Espero que sepan lo que dicen y lo que hacen, pero no polemizo con ellos. La Iglesia no tiene nada que ver en el asunto. No me puede imponer sus valores. Puede opinar, pero lo que diga no tiene que ver conmigo ni con Eluana. El magisterio de la Iglesia es moral; el Estado es laico, y en él están también los católicos. Lo que dice la Iglesia les debe afectar a ellos, no a los que no profesamos esa confesión. De forma que todo lo que digan es su problema, no mío.

    P. Quizá ése sea el fondo del problema. Es usted demasiado laico.

    R. Me dicen siempre que estoy años luz por delante, que soy demasiado avanzado. Pero yo no puedo volver atrás para darles placer, lo siento. Ellos están a su nivel y yo vivo en un Estado laico. Los 2009 años de historia de la Iglesia van por un lado y el Estado va por el suyo. Yo para pedir justicia no me he dirigido a ellos, sino a los tribunales de Justicia. A ellos no les he pedido nada, ni se lo pediré. Pueden decir lo que quieran, no lo discuto, pero esta historia está fuera de su poder.

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  • 02 Feb 2009

    El castigo a los vencidos

    Como todos sus escritos, también es excelente el último artículo que publica Julián Casanova en El País, titulado “El castigo a los vencidos“. Lean:

    La ley marcaba así el círculo de autoridades poderoso y omnipresente, de ilimitado poder coercitivo y administrativo, que iba a controlar durante los largos años de la paz de Franco haciendas y vidas de los ciudadanos: el alcalde, que era además jefe local del Movimiento, el comandante de puesto de la Guardia Civil y el párroco, una triada de dominio político, militar y religioso.

    La Ley de Responsabilidades Políticas brindó la oportunidad a la Iglesia católica, por medio de los párrocos, de convertirse en una agencia de investigación parapolicial. No era suficiente con que la Iglesia, colmada de privilegios con la victoria, recuperara su papel de guardián de la buena moral y de las buenas costumbres. Los párrocos se convirtieron, gracias a esa ley, en investigadores públicos del pasado de todo vecino sospechoso de haber “subvertido el orden” y, por supuesto, de haber “atacado a la Iglesia”, acusaciones bajo las que podían implicar a los supuestos responsables y a toda su familia. Con sus informes, aprobaron el exterminio legal organizado por los vencedores y se involucraron hasta la médula en la red de sentimientos de venganza, envidias, odios y enemistades que envolvió la vida cotidiana de esas pequeñas comunidades rurales en la posguerra.

    Los odios, las venganzas y el rencor alimentaron el afán de rapiña sobre los miles de puestos que los asesinados y represaliados habían dejado libres en la administración del Estado, en los ayuntamientos e instituciones provinciales y locales. Un porcentaje elevadísimo de las plazas “vacantes”, hasta el 80%, se reservaba para ex combatientes, ex cautivos, familiares de los mártires de la Cruzada, y para tener acceso al resto había que demostrar una total lealtad a los principios de los vencedores. Ahí residía una de las bases de apoyo duradero a la dictadura de Franco, la “adhesión inquebrantable” de todos aquellos beneficiados por la victoria.

    Miles de fichas e informes de las fuerzas de seguridad, de los clérigos, de los falangistas, avales y salvoconductos, descubiertos por los historiadores en los últimos años en decenas de archivos, dan testimonio del grado de implicación de una parte importante de la población en ese sistema de terror. Hubo cientos de miles de personas que habían luchado en el bando vencedor, que aceptaron la legitimidad de ese régimen forjado en un pacto de sangre, que adoraban a Franco por haberles librado de los revolucionarios, por ofrecerles “paz y tranquilidad”. Sin esa participación ciudadana, el terror hubiera quedado reducido a fuerza y coerción. Conviene recordarlo ahora, 70 años después de que todo aquello comenzara, como una forma de resistencia frente al silencio y la falsificación de los hechos.

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  • 08 Dic 2008

    ¡Es la autodivinización, estúpidos!

    Wall Street está salvada. Y, con ella, el resto de las Bolsas del mundo. Ha tenido que ser un español, sí señor, un español, quien haya logrado desentrañar las raíces ocultas de la crisis económica global. Parecía que Antonio María Rouco Varela estaba llamado por la senda de la espiritualidad y, sin embargo, es probable que su nombre termine apareciendo en los principales manuales de Economía del planeta. Tras décadas de arduos estudios, ayer reveló a la comunidad científica su teoría de la “autodivinización”. Lean:

    El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, ha responsabilizado este domingo al hombre y a su “autodivinización” de la crisis financiera, el paro y la pobreza que azota al mundo, durante su homilía con motivo de la Vigilia de La Inmaculada celebrada en Madrid.

    ¡Es la autodivinización, estúpidos!

    ¿Pero cómo no se le ha ocurrido a nadie antes? Cualquiera con una mínima noción de historia debería saber que cuando en España nadie se autodivinizaba, la riqueza se repartía desbordante entre todos sus ciudadanos. Durante el franquismo, sin ir más lejos. O en la época de la Santa Inquisición, si echamos la vista un poco más atrás.

    Y lo que vale para España, vale para la Tierra entera. ¿O acaso no han coincidido siempre las épocas de mayor bonanza económica general con los momentos de mayor poder de la Iglesia Católica?

    Ya oigo las fanfarrias anunciando la llegada del próximo Nobel de Economía a Villalba. Y quien sabe si, una vez que los académicos suecos reparen en la localidad lucense, no decidirán que otro ilustre hijo de la villa, Manuel Fraga, se merece el Nobel de la Paz. Si lo tiene Kissinger…

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  • 30 Nov 2008

    “Ahora insultan a mi hija en clase”

    Ya se sabe que la tolerancia es una de las grandes tradiciones del catolicismo. Y en el colegio público Macías Picavea, de Valladolid, hay católicos empeñados en dar testimonio de amor y comprensión hacia quienes no opinan como ellos. Lo explica Fernando Pastor, el padre que logró que se cumpla la Constitución en las aulas del colegio, en una entrevista en El País:

    P. Peticiones, negativas, recursos, juicios y al final, de momento, una victoria sonada. ¿Cómo se siente escuchando al consejero portavoz la decisión de recurrir la sentencia?

    R. Tengo sensaciones contradictorias, que van desde la alegría por el resultado hasta el cansancio que me ha provocado todo este proceso y el coste que está teniendo, que se acrecienta cuando la Junta de Castilla y León hace ese anuncio. Soy un ingenuo, porque pensaba que por el mero hecho de no haber lanzando improperios a nadie durante todo este proceso, tampoco los iba a recibir. Y no está siendo así.

    P. ¿Quién se los lanza?

    R. Otros padres de alumnos embarcados en una campaña de acoso verbal alentada por la dirección del colegio, que empieza a tener consecuencias sobre mi hija. Y ahora, sus compañeros la insultan en clase.

    (Sin perder la calma ni un instante, Fernando Pastor oculta a duras penas las lágrimas cuando recuerda la presión que otros niños hacen sobre su hija a quien reprochan quedarse sin fiestas de Reyes, Navidad o Semana Santa por culpa de su padre).

    P. ¿Qué le cuenta la niña sobre el ambiente que se ha creado en el colegio?

    R. Cosas que me duelen mucho más que a ella, como por ejemplo que por culpa de su padre no habrá fiestas navideñas o que un niño se pone a cantar delante de ella: “Crucifijos sí, gilipollas, no”. Cuando lo cuenta, su madre y yo tratamos de explicarle cómo son las cosas, aunque no sé si aguantaré mucho más esta presión. Si al menos la ejercieran solamente contra mí, sería todo más llevadero.

    Todo un ejemplo de bondad cristiana, de amor al prójimo como a uno mismo, de perdonar a los que nos ofenden (aunque la ofensa consista en algo tan terrible como pedir que se cumpla una ley democrática).

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  • 28 Nov 2008

    Los Franco y el Opus

    Carmen Franco, la hija del asesino, ha conversado con Jesús Palacios y Stanley G. Payne para elaborar una especie de memorias. El resultado es un libro que se titula Franco, mi padre. El diario El Mundo publica hoy un adelanto del testimonio de Carmen Franco, la hija del asesino, donde confiesa que “papá” recibía cada dos meses a Escrivá de Balaguer y que “mamá” tenía en la mesilla de noche “un librito que se llamaba Camino“. Sin comentarios:

    «Mi padre recibió varias veces a don Josemaría Escrivá de Balaguer. Las relaciones con él fueron muy buenas, sí, muy buenas, hasta su muerte; al final, quizá un poco menos, pero cada dos o tres meses lo recibía, o sea, se hablaban. Había un librito que se llamaba Camino, que era como un libro de meditaciones, que mi madre tenía en la mesilla de noche, de manera que era un poco como una masonería católica; porque tenían también el deber de ayudarse mutuamente todos los numerarios y eso. No le parecía mal».

    «A la gente le sentaba mal. A Cristóbal, mi marido, le sentaba fatal lo del Opus, pero a papá no, a él le gustaba. Como organización religiosa, mi padre la conocía bastante, y veía mucho, como digo, a monseñor Escrivá de Balaguer, y siempre decía que no le gustaba tanto la cosa ésa, como de la masonería, de ayudarse unos a otros. Le parecía poco justo, sobre todo cuando había elecciones de algún miembro para… No sé cómo decirlo. Siempre los del Opus Dei apoyaban a los del Opus Dei, fueran más listos o más tontos. Daba igual. Siempre empujaban a los suyos y esa cosa no le gustaba demasiado, pero los encontraba muy capaces. Pensaba que era importante, sí. Que cada tiempo tiene órdenes religiosas diferentes, o sea, lo que estaba bien en la Edad Media ahora tiene poca salida. Entonces, creía que era una manera de tener seglares católicos que influyeran en la marcha de los países. Le parecía bien. Le gustaba el Opus».

    El Vaticano pidió a los miembros del Opus Dei que se abstuvieran de ocupar cargos políticos, pero su padre no creía que el Opus hiciera política en España. «No, no lo pensaba. Lo que pasaba es que, claro, sus miembros colaboraron muchísimo, puesto que estuvieron en todos los últimos gobiernos. Pero mi padre encontraba que estaban como personas, no como miembros de la orden. Desde luego, mi padre no creía que fueran unas personas que por ser del Opus no pudieran ser del gobierno, sino todo lo contrario, que era una garantía de que era gente honesta». Ni tampoco se creía las acusaciones que, desde el sector azul principalmente, se les hacía de querer asaltar el poder: «Mi padre no lo creía, vamos, no le daba tanta importancia. Y sobre los constantes enfrentamientos entre los ministros falangistas y los miembros del Opus, su corazón iba más a apoyar a los falangistas, pero su cabeza más a apoyar a los tecnócratas».

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  • 27 Nov 2008

    Artillería dialéctica contra la Yihad catolica

    A propósito de la polémica montada por la presencia de crucifijos en las aulas de colegios públicos, he leído durante los últimos días tres reflexiones que aportan artillería dialéctica para hacer frente a la ofensiva de la Yihad católica.

    Óscar Celador enumera las razones que impiden la presencia de símbolos religiosos y recuerda cuáles son los polvos que han traído estos lodos:

    El reproche constitucional a la exhibición de símbolos religiosos en los espacios tutelados por los poderes públicos es insalvable, pues su presencia, por una parte, crea confusión entre lo público y lo religioso, al trasladar a la ciudadanía la imagen de un Estado identificado con ellos a despecho de la laicidad; y, por otra, introduce un factor de división en un contexto que debe ser neutral, porque está pensado para el disfrute de todos los ciudadanos con independencia de su adhesión o no al símbolo.

    En el caso de las escuelas públicas, los motivos que impiden la presencia de símbolos religiosos son más numerosos, pues, a los ya señalados, hay que añadir que se vulneran los derechos de los padres que envían a sus hijos a estas escuelas para recibir una educación laica; asimismo, los receptores del mensaje que transmite el símbolo son alumnos que, en muchos casos, carecen de la madurez y la capacidad de discernimiento necesarias para diferenciar entre lo que es un adorno, un símbolo religioso o un símbolo cultural, por lo que su libertad de conciencia se ve lesionada. Los únicos símbolos que pueden exhibirse en estos centros escolares son los constitucionales, ya que simbolizan valores comunes a todos que no pueden herir sensibilidades o crear divisiones entre los miembros de la comunidad escolar.

    La exhibición de símbolos religiosos en las escuelas públicas es una de las reminiscencias que nos ha legado nuestro pasado confesional católico, cuando era obligatorio que en los centros escolares públicos estuvieran el crucifijo y el retrato del Caudillo y que los alumnos estudiasen religión católica y los Principios del movimiento.

    David Giménez Gluck explica por qué no se puede estar al mismo tiempo a favor de la Constitución y de los crucifijos en las aulas públicas:

    La democracia constitucional consiste en el Gobierno de la mayoría combinado con el establecimiento de las garantías precisas para proteger los derechos de las minorías. Por eso existen derechos fundamentales y por eso la Constitución estableció la neutralidad y laicidad del Estado, para permitir que todos los españoles, con independencia de que sus creencias religiosas sean o no mayoritarias, o de que no tengan ninguna, sientan que el Estado permanece neutral y no se identifica con una religión determinada.

    La Constitución española podría haber optado por un sistema de Estado confesional católico. Otros países optaron por esa fórmula, pero no, optó por la fórmula del Estado laico y aconfesional que coopera, sí, con las confesiones religiosas, que no permanece ajeno al fenómeno religioso, y de ahí los acuerdos con las distintas Iglesias que tantos beneficios suponen para la Iglesia Católica, pero que en absoluto permite, como ha señalado la Justicia, que un ciudadano español no católico en un colegio público deba tolerar que las clases vengan presididas por un símbolo religioso, por mucho que “a la mayoría no le moleste”.

    Por último, Arturo Burton desmonta la tesis de que cada consejo escolar debe decidir sobre los crucifijos. Una tesis, por cierto, defendida en una desafortunada declaración inicial por la ministra de Educación, Mercedes Cabrera, aunque rectificó su metedura de pata de forma casi inmediata.

    No puede dejarse en manos de los individuos más débiles la protección de sus propios derechos. No puede dejarse en manos de los consejos de centros la decisión de si se cumple la Constitución o no. El Estado español es aconfesional y la enseñanza pública también. Son las instituciones las que tienen que velar por el cumplimiento del artículo 16 del texto constitucional.

    Obligar a que cada padre o madre de familia tenga que ir a juicio para quitar los símbolos religiosos de un colegio público es un fraude a la Constitución y una vulneración de la libertad de pensamiento y religión de muchos ciudadanos.

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  • 26 Nov 2008

    Una combinación nefasta

    Hay que ser un enorme caradura, hay que tener un rostro de hormigón armado, para ser el jefe de una organización que hace unos meses beatificó a “496 mártires de la guerra civil” y ahora se dedica a “predicar las virtudes de la amnesia“.

    Y, además, hay que ser un pésimo católico para defender que más de cien mil víctimas de la guerra deben seguir abandonadas en cunetas sin identificar. Si creyeran en una milésima parte de los Evangelios que dicen profesar, tendrían que ser los primeros en ayudar a abrir zanjas y en ofrecer sus camposantos para los familiares de los asesinados que así lo deseen.

    Pero Rouco y sus mariachis son herederos directos de los fariseos del templo (por parte de papá) y de la pata del caballo del Cid (por parte de mamá). Una combinación nefasta.

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  • 24 Nov 2008

    La lógica de Prada

    Juan Manuel de Prada, cuando no escribe sobre coños, es un autor de enorme talla moral. Y uno de los favoritos del Vaticano. En su articulito de hoy presenta sus credenciales para ser considerado, además, uno de los más cualificados discípulos de la lógica aristotélica. Y es que Prada sostiene que quitar crucifijos de las aulas en colegios públicos equivale a crucificar niños. Así, sin inmutarse:

    Esto es lo que nos enseña el Crucificado: que la muerte no tiene imperio sobre el hombre, que la razón de nuestra andadura terrenal no es otra que el triunfo de la vida. Cuando se sabe esto, todo lo demás cobra sentido. Pero los apóstoles de la desesperación nos quieren cada vez más muertos; y para ello se esfuerzan en crucificarnos desde la infancia. Y es que, en efecto, a un niño le basta mirar al Crucificado para saber quién es y de dónde viene, también hacia dónde va; y basta apartar de su contemplación a ese Crucificado para que el niño no sepa lo que es y esté preparado para ser lo que otros quieren que sea. [...]

    Ese propósito no es otro que despojar de sentido la transmisión cultural. A un niño que tiene ante sí una pared desnuda no le queda otro remedio sino aburrirse (esto es, desesperarse), mientras su maestro le explica -pongamos por caso- qué es un archipiélago; pues esta palabra le suena a chatarra oxidada. En cambio, para un niño que tiene ante sí un Crucificado, cuando se le explica qué cosa es un archipiélago, esta palabra suena como un címbalo de plata: porque el archipiélago es Lepanto. Y lo que los apóstoles de la desesperación pretenden es que la transmisión cultural, como la vida misma, sea un acopio de datos inconexos. [...]

    Todo lo que los españoles somos, todo lo que hemos sido a lo largo de los siglos, se compendia en ese Crucificado; y el día en que ese Crucificado finalmente sea expulsado de las escuelas, España volverá al «cantonalismo de los reyes de taifas», como nos auguró Menéndez Pelayo. Volveremos a ser «muchedumbre de gentes colecticias», desencuadernadas, arrancadas de la raíz que les presta sustento, dispuestas a convertirse en fácil presa para los apóstoles de la desesperación. Y es que los apóstoles de la desesperación saben que sólo ese Crucificado encarna una cosmovisión y una antropología que dan una respuesta cargada de sentido a los grandes anhelos humanos; saben que, si ese Crucificado siguiera colgado de las paredes de las escuelas, no sólo volaría un sistema injusto por naturaleza sino que podría dar el sustrato sano y firme para una sociedad renovada. Podría dar, nada más y nada menos, esperanza a quienes hoy están desesperados, a quienes desde la infancia son condenados a la crucifixión.

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  • 23 Nov 2008

    El crucifijo de Valladolid

    Unos padres del colegio público Macías Picavea de Valladolid llevan tres años luchando para que sus hijos no tengan que estudiar en unas aulas con crucifijos en las paredes. El Consejo Escolar del centro se obstinó en mantener los símbolos religiosos, y la Junta de Castilla y León se lavó las manos. El juez Alejandro Valentín Sastre ha ordenado ahora la retirada de esos símbolos al entender que su presencia vulnera el derecho a la libertad religiosa y la aconfesionalidad del Estado que proclama la Constitución. Es la primera vez que se dicta en España una sentencia en este sentido.

    Los tres principales argumentos que utiliza el juez en su fallo son los siguientes:

    “La presencia de estos símbolos en las zonas comunes del centro educativo público, en el que reciben educación menores de edad en plena fase de formación de su voluntad e intelecto, puede provocar en estos el sentimiento de que el Estado está más cercano a la confesión con la que guardan relación los símbolos que a otras confesiones”.

    “El Estado no puede adherirse ni prestar respaldo a ningún credo religioso, ya que no debe existir confusión alguna entre los fines religiosos y los fines estatales. Nadie puede serntir que, por motivos religiosos, el Estado le es más o menos próximo que a sus conciudadanos”.

    “Especialmente sensible al tema de la libertad religiosa es la educación, pues en la fase de formación de la personalidad de los jóvenes la enseñanza influye decisivamente en su futuro comportamiento respecto de creencias e inclinaciones, condicionando sus conductas dentro de una sociedad que aspira a la tolerancia de otras opiniones e ideales que no coincidan con los propios”.

    Estos hechos permiten realizar, al menos, cuatro reflexiones:

    1) No todos los jueces son tan incompetentes para impartir justicia como algunos ejemplares que pululan por las altas magistraturas de la capital. Hay profesionales, como Alejandro Valentín, capaces de utilizar el sentido común en sus sentencias.

    2) El hecho de que haya personas que defiendan la presencia de crucifijos en colegios públicos –repito: públicos–, demuestra que hay católicos que siguen empeñados en imponer sus ideales religiosos a los demás. Y no les basta con hacerlo en colegios privados, que en la mayoría de los casos subvencionamos todos los contribuyentes, sino que pretenden que su imposición sea universal.

    3) El Gobierno de Castilla y León, que ha desoído la petición de los padres que reclamaban la retirada de los símbolos religiosos y también un informe del Procurador del Común a favor de quitar los crucifijos, merece una contundente censura por incumplir su obligación de garantizar la neutralidad y laicidad del Estado.

    4) El laicismo tiene por delante una larga batalla hasta lograr que se cumpla la Constitución.

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  • 08 Nov 2008

    Un referéndum para Rouco

    En un ataque agudo de democracia, Antonio María Rouco Varela propone que los españoles voten en un referéndum sobre el matrimonio gay:

    Tres años después de la aprobación de la ley de matrimonio homosexual en España la iglesia sigue haciendo campaña en contra. Ahora, aprovechando el rechazo por referéndum del matrimonio entre personas del mismo sexo en California (EE UU), el presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Antonio María Rouco Varela, sostiene que “hubiera sido bueno” hacer lo mismo en España. En declaraciones a la cadena Cope, Rouco aseguró el jueves por la noche que una consulta similar “ayudaría a conocer mejor la realidad profunda de la conciencia de los aspectos más decisivos en la vida de los españoles”.

    Hay que felicitarse por el hecho de que un preboste de la Iglesia católica muestre tanta fe en el poder de las urnas. Y es de justicia plantearle una sencilla pregunta: ¿defiende también que se convoque a los españoles a un referéndum sobre la abolición del Concordato Iglesia-Estado?

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